A mi memoria vienen muchos recuerdos de personas que me han enseñado valores y principios: hay que ser respetuoso con los demás si quieren que te respeten, estudiar a conciencia te convertirá en una persona educada y profesional, hay que ser honrado porque el sinvergüenza es mal mirado y termina mal, todo esfuerzo conlleva grandes recompensas, entre otros dogmas.
Es cierto que voy a ser padre en unos meses más, y me gustaría enseñar a mis retoños todos estos valores que considero buenos para mis hijos, aunque también estoy consciente que ellos tienen el derecho de tomar sus propias decisiones para su vida. Desgraciadamente, estamos ante un mundo en el cual todo aquello que nos enseñaron que es lo ideal es borrado de un plumazo, mostrando una gran cadena de antivalores que se han erigido en el ideal del ser humano moderno, con el gentil auspicio de los medios de comunicación: jovenes que ofrecen su orgullo al mejor postor, mujeres que pasarán a la triste historia de la infamia, politicos que no dudarían en vender a su madre y poner en la picana a su chofer particular para mostrarse ante sus pares que tiene el poder... Mejor voy a dejar hasta acá, o Blogger cancelará mi cuenta dado que los ejemplos son tantos y tan variados que saturaría la cuenta en al web.
Bueno, la idea es que hoy en día no importa lo bien o lo mucho que te esfuerces por lograr tu meta: siempre habrá alguien que toma el camino fácil y logrará llegar antes al objetivo fijado, sea éste un estudiante universitario que presenta cientos de licencias médicas para no presentarse a los certámenes para ganar más tiempo para estudiar, y que buscará en internet alguna tesis de grado para presentar ante una comisión de titulación, o algún parlamentario que busca captar la atencion haciendo millones de denuncias para que la gente diga que trabaja bien, pero que las mismas leyes que juro proteger y defender en su gestión, las vulnera de manera abusiva. Dato adicional: a muy pocas personas se les cayó la cara de vergüenza tras los saqueos del terremoto del 27 de febrero.
¿Quien tiene la responsabilidad de que estas cosas sucedan? cada uno de nosotros tiene la respuesta. Ojalá no sea tarde para que nos la replanteemos y podamos reemprender el rumbo.
Hasta una nueva edición

